De Holanda a Gibraltar

En una Vespa LX de 50.

«Salí hacia la carretera solo, con el sol cayendo detrás de mí. El asfalto se extendía como una cinta negra frente a mis pies, y el rugido del motor resonaba en mis oídos. No tenía destino fijo, solo la libertad de la carretera abierta.

Las luces de la ciudad se desvanecieron a medida que me sumergía en la oscuridad de la noche. Mis pensamientos eran como luciérnagas, parpadeando en mi mente mientras conducía hacia lo desconocido. La soledad de la carretera me envolvía como una manta, y me di cuenta de que nunca me sentí más conectado conmigo mismo que en ese momento.

Cada milla que dejaba atrás era un paso hacia la autenticidad, hacia la esencia cruda de la vida… Las luces de los letreros de neón destellaban como destellos de inspiración en la oscuridad de la noche.

Las ciudades y pueblos pasaban como sombras fugaces, pero mi viaje en solitario era eterno. En cada curva de la carretera, descubría un nuevo matiz de mí mismo. La luna iluminaba mi camino, y las estrellas eran testigos silenciosos de mi travesía.

Así, en la intersección de la soledad y la libertad, continué mi viaje por la carretera, sabiendo que cada milla recorrida era una página más de mi propia historia.»

«En el camino» de Jack Kerouac.

Blanco y negro

Se considera que el Gran Premio de Francia de 1906 fue uno de los eventos pioneros en el uso de la bandera a cuadros. En esa carrera, el organizador del evento, Henri Desgrange, utilizó una bandera a cuadros blancos y negros para indicar el final de la competición. Esta práctica se adoptó rápidamente en otras carreras por toda Europa. En 1922, Sir H.O.D. Segrave, un piloto británico y presidente del Automobile Club de Gran Bretaña, popularizó el uso de la bandera a cuadros en las carreras británicas. Su influencia contribuyó a que la tradición se extendiera en el Reino Unido y, eventualmente, en todo el mundo.

A medida que el automovilismo creció en escala y se internacionalizó, la bandera a cuadros se convirtió en el símbolo universal para marcar el final de las carreras en diversas disciplinas, desde la Fórmula 1 hasta el motorismo.

Sonido relajante

Si un sonido ha estado presente durante momentos placenteros o relajantes en el pasado, el cerebro puede asociar automáticamente ese sonido con sentimientos positivos y relajantes. Por ejemplo, el sonido de las olas del mar puede recordar a alguien de unas vacaciones relajantes en la playa. Los asociados con entornos seguros y familiares pueden tener un efecto tranquilizador. Por ejemplo, el sonido de la lluvia puede evocar la sensación de estar en casa y protegido durante una tormenta. Algunos están relacionados con ritmos naturales que pueden tener un impacto en la fisiología humana. Por ejemplo, los sonidos de la naturaleza, como el canto de los pájaros o el murmullo de un arroyo, a menudo están asociados con entornos relajantes y pueden tener un efecto calmante en el sistema nervioso.

Y los sonidos que siguen patrones repetitivos, como el tic-tac de un reloj, el zumbido de un ventilador, un motor… pueden tener un efecto hipnótico y ayudar a reducir la ansiedad al proporcionar una sensación de paz.

Langostino


En Mariscoville, donde los habitantes vivían del mar y sus deliciosos tesoros. En el corazón de este encantador lugar, se encontraba la familia Rodríguez, propietarios de la famosa pescadería «L’ola Fresca».

Un día, Pedro Rodríguez, el hijo menor de la familia, decidió aventurarse más allá de las aguas familiares en busca de nuevas especies para ofrecer a los clientes de la pescadería. Con su pequeño barco y una red resistente, se aventuró hacia el océano en busca de la pesca más novedosa.

Mientras recorría aguas desconocidas, Pedro descubrió un arrecife atestado de langostinos de colores brillantes. Eran criaturas pequeñas pero elegantes, con caparazones que parecían joyas. Fascinado por la belleza de estos langostinos, Pedro decidió llevar algunos de regreso a Mariscoville.

Al llegar al pueblo, la noticia del descubrimiento se extendió rápidamente. Los langostinos de colores se convirtieron en la nueva atracción de «L’ola Fresca», y la gente venía de todas partes para ver estas criaturas sorprendentes. Pedro, convertido en héroe local, compartía historias de su emocionante expedición y la maravilla de los langostinos.

Pronto, Mariscoville se convirtió en un destino turístico, y «L’ola Fresca» se hizo famosa en todo el país. La pequeña tienda de pescado se transformó en un restaurante marinero que servía platillos exquisitos de langostinos de colores. Y la familia Rodríguez vivió felizmente mientras la leyenda de los langostinos de Pedro se contaba de generación en generación.

Rojo y negro

«Julien dejó la ciudad por el camino de la montaña, por un deseo instintivo más que por un plan deliberado. Luego de una hora de caminata, a medida que el camino se volvía más agreste y la ascensión más fatigosa, miró hacia abajo y vio la ciudad que dejaba atrás: sus murallas antiguas, sus campanarios, sus rojos tejados, todas las pequeñas cosas que la hacían encantadora. ‘¡Adiós, querida ciudad!’ exclamó. Su corazón palpitaba de gozo. ‘Aquí comienza una nueva vida para mí.'»