Los 80 años en RTVE Noticias

«La mítica moto italiana 👉Vespa cumple 👉80 años. El diseño de esta moto, nacida nada más terminar la 👉Segunda Guerra Mundial, recuerda a una 👉avispa, que es lo que significa ‘vespa’ en italiano. Desde entonces, más de 👉20 millones de unidades se han vendido en todo el mundo.

La famosa escena de Gregory Peck y Audrey Hepburn recorriendo las calles en la película 👉’Vacaciones en Roma» fue, probablemente, el mejor 👉spot publicitario de la marca.

La Vespa surgió en 👉1946 como una 👉solución práctica de movilidad para los italianos después de una 👉guerra devastadora. Con este fin la creó el industrial 👉Enrico Piaggio. La moto debía ser muy sencilla y su estructura tenía que proteger el cuerpo de su piloto. Las mujeres podían conducirla. Su forma tenía una parte trasera gruesa, una cintura estrecha y un manillar que asemejaban a unas antenas. Como una avispa, emblema de su logotipo.» – RTVE

El lechero italiano

«El lechero italiano de los años 70: camiseta blanca, Vespa, leche fresca que te servía directamente en una jarra en la esquina.
«¡Signora, ecco il latte!»
De cualquier forma, todo el barrio está encantado.»

80 años suizos

«Suiza fue el primer país en importar Vespas», señala Silke Küste. «El modelo Vespa Rally 175, fabricado entre 1970 y 1973, se diseñó específicamente para el mercado suizo con el fin de cumplir con la legislación suiza en materia de impuestos de circulación».

Gloria Fuertes y su Vespa

«Durante su vida, la poeta tuvo muchos trabajos: contable, secretaria, taquígrafa, profesora, en la televisión… Pero uno de sus favoritos fue el de bibliotecaria. Por eso, a mediados de 1950, fundó junto a la que era su pareja, la hispanista norteamericana Phyllis Turnbull, la primera biblioteca infantil ambulante de España.
Con solo su vespa y libros comprados por ellas mismas, Gloria se recorría los pueblos de la sierra de España para llevar el placer de la lectura a las zonas rurales donde no llegaban otras instituciones».

Gloria Fuertes creó en los años 50 el primer servicio móvil de lectura infantil en España. La poeta circulaba por los pueblos de la sierra de Madrid con su vespa llevando libros a los niños de las zonas rurales donde las instituciones no llegaban.

Eramos tan felices

«Sin casco, sin matrícula, sin seguro, sin móvil, sin dinero, siempre dando vueltas en la Vespa o en motos trucadas.
Cita en el lugar de siempre…
Éramos felices con poco.»

Vespa envuelta por Christo

Wrapped Vespa (2006) de Christo es una impresión digital con pigmentos que incluye collage y coloración a mano, y presenta uno de los objetos envueltos más emblemáticos del artista. Haciendo referencia a un proyecto de 1963-1964, la obra muestra una motocicleta Vespa envuelta en tela y atada con cuerdas, representada con un sombreado meticuloso y superpuesta con medidas y anotaciones. La pieza resume la fascinación constante de Christo por el ocultamiento, la transformación y la interacción entre el objeto y el entorno. Con su precisión técnica y su sensibilidad escultórica, también refleja la práctica de Christo de combinar arte, arquitectura y planificación conceptual.

El scooter más famoso

Fuente imagen —-> juanjoabsolut en X

En 1952, Piaggio llegó a un acuerdo con el grupo industrial español Banco Urquijo y otros socios para establecer la compañía Moto Vespa S.A. en Madrid. Este acuerdo permitía fabricar y distribuir las Vespas en España bajo licencia. La producción local se realizó para adaptarse a las restricciones del régimen franquista, que limitaba la importación de vehículos para fomentar la industria nacional.

Primera etapa: Importación desde Italia
Antes de que la fábrica de Julián Camarillo estuviera completamente operativa, se importaron unidades de Vespa desde Italia para satisfacer la demanda inicial en España. Estas primeras unidades correspondían a modelos clásicos, como la Vespa 125 de 1949 y algunos otros modelos posteriores diseñados por Piaggio.

Inicio de la producción en España
La producción en la fábrica madrileña arrancó oficialmente en 1953, y al poco tiempo Moto Vespa S.A. ya fabricaba las motocicletas de forma casi completamente local. Sin embargo, durante los primeros años, algunos componentes clave, como los motores y ciertas piezas de carrocería, seguían llegando desde Italia. Con el tiempo, la fábrica en Madrid logró una mayor autonomía, produciendo sus propios motores y adaptando los diseños para el mercado español.

Curiosidad histórica:
Las primeras Vespas fabricadas en España se distinguían por pequeñas diferencias con las italianas, como el uso de piezas locales o adaptaciones a las normativas de circulación en España. Además, el éxito inicial fue tal que la Vespa se convirtió en un símbolo de modernidad y movilidad para la clase media emergente.

La soviética Vyatka

El Vyatka VP-150 es el primer scooter soviético producido por la fábrica de maquinaria Vyatsko-Polyansky. Se fabricó entre 1957 y 1966. Es una copia del scooter italiano Vespa 150GS de 1955. Su sucesor fue el modelo V-150M, desarrollado por el equipo VPMZ.

Origen de la fábrica Vyatka
La fábrica Vyatka (en ruso, Вятка) tiene su origen en la ciudad de Kírov, anteriormente conocida como Vyatka. Esta región ya tenía una fuerte tradición industrial en la era soviética, con fábricas dedicadas a maquinaria, metalurgia y productos de consumo. Durante la posguerra, en la década de 1940, la Unión Soviética buscaba reconstruir su infraestructura y desarrollar soluciones prácticas para la movilidad personal y el transporte.

Inicio de la producción de scooters
En la década de 1950, inspirados por el éxito de scooters italianos como la Vespa, las autoridades soviéticas decidieron desarrollar un scooter similar para el mercado interno. La fábrica Vyatka, con experiencia en metalurgia y manufactura, fue seleccionada para este proyecto.

En 1956, se presentó el scooter Vyatka VP-150, que era claramente un derivado del diseño de la Vespa, aunque adaptado a las condiciones soviéticas. El VP-150 destacaba por ser robusto, fácil de mantener y adecuado para los caminos y climas de la Unión Soviética. Su motor de 150 cc proporcionaba suficiente potencia para desplazamientos urbanos y rurales.

Popularidad y uso masivo
El scooter Vyatka rápidamente ganó popularidad en la URSS. Durante las décadas de 1950 y 1960, representaba una solución asequible y práctica para la clase trabajadora soviética, que necesitaba medios de transporte personales en un contexto donde los automóviles eran un lujo.

Además, su diseño se adaptó bien a las duras condiciones de las carreteras soviéticas, que a menudo estaban en mal estado. El scooter era resistente y fácil de reparar, lo que lo hizo muy apreciado en las zonas rurales.

Competencia y declive
A pesar del éxito inicial, la Vyatka enfrentó competencia de otras marcas soviéticas como Tula y Izh, que también producían scooters y motocicletas. En los años 60, las fábricas soviéticas comenzaron a diversificar su producción y modernizar sus diseños, mientras que el scooter Vyatka quedó algo rezagado en términos de innovación.

Además, la Vespa original comenzó a exportarse más ampliamente, ofreciendo una competencia indirecta pero significativa. En este contexto, la producción del scooter Vyatka cesó a principios de los años 70.

Legado de Vyatka
Aunque la fábrica dejó de producir scooters, el nombre Vyatka sigue siendo recordado como un símbolo de la era de oro de los scooters en la Unión Soviética. Hoy en día, los scooters Vyatka VP-150 son objetos de colección entre entusiastas de vehículos clásicos. Su diseño robusto y su conexión con la historia soviética los convierten en piezas únicas en la historia del transporte.

Además, el legado industrial de Vyatka se mantuvo a través de la diversificación de la producción en la planta de Kírov, que continuó fabricando maquinaria y productos metálicos hasta bien entrado el siglo XX.

Va de faros

En los años 60, Londres era una ciudad de contrastes. Entre la niebla gris y los sonidos del Big Ben, una nueva generación de jóvenes buscaba su identidad en una sociedad que aún luchaba por encontrar la suya. Los mods, con sus trajes ajustados, camisas impecables y una pasión ardiente por la música, el estilo y la velocidad, emergieron como los pioneros de un nuevo estilo de vida. En el centro de este movimiento se encontraban las scooters, especialmente las Vespas, que se convirtieron en un símbolo de libertad y rebeldía.

Tommy no era el típico adolescente londinense. A sus 19 años, ya había dejado atrás las viejas costumbres de su barrio, buscando algo más, algo que lo hiciera destacar. Encontró su respuesta en el bullicioso Soho, donde las tiendas de ropa vendían trajes de corte italiano y donde los clubes nocturnos resonaban con el vibrante sonido del soul y el ska. Fue allí, entre el humo de los cigarrillos y las luces de neón, donde conoció a los mods.

Fascinado por la cultura, Tommy decidió que necesitaba una Vespa. No cualquier Vespa, sino una que reflejara su personalidad, su deseo de ser diferente. Trabajó horas extra en un taller mecánico, ahorrando cada libra que ganaba. Finalmente, llegó el día en que pudo comprar su primera scooter. Era una Vespa clásica, de un azul marino que brillaba bajo la luz del sol. Pero para Tommy, eso no era suficiente. Sabía que su Vespa debía ser única.

Una noche, mientras charlaba con sus amigos en un café de Carnaby Street, Tommy tuvo una idea. Recordó cómo, en una carretera oscura, había visto a un motorista con varios faros en su moto. La imagen de las luces iluminando la niebla le había impactado. ¿Por qué no hacer lo mismo con su Vespa? No solo mejoraría su visibilidad en las calles oscuras de Londres, sino que también sería un espectáculo que nadie podría ignorar.

Con entusiasmo, Tommy empezó a trabajar en su proyecto. En el taller donde trabajaba, comenzó a instalar faros adicionales en su scooter. Al principio, fueron solo dos. Pero, a medida que el tiempo pasaba, y su creatividad aumentaba, terminó colocando seis faros, todos cuidadosamente alineados en la parte delantera de su Vespa. La moto se convirtió en un faro móvil, una explosión de luces que llamaba la atención de cualquiera que la viera pasar.

Las calles de Londres se iluminaron con su llegada. Los demás mods lo miraban con admiración, y pronto, muchos comenzaron a imitar su estilo. El grupo de mods al que pertenecía decidió organizar un desfile de scooters, donde cada uno mostraba su propia versión de la personalización. Tommy, con su Vespa resplandeciente, lideró la marcha, sintiéndose en la cima del mundo.

Pero la historia no termina ahí. Un día, mientras conducía su Vespa por las calles llenas de niebla de Brighton, Tommy fue detenido por un oficial de policía. Le advirtieron que su scooter, con tantos faros, podía ser un peligro en la carretera. Sin embargo, la advertencia no apagó su espíritu. Para Tommy, y para muchos otros mods, sus Vespas no eran solo vehículos; eran una declaración de independencia, de estilo y de pertenencia a algo más grande.

Con el tiempo, la moda de los múltiples faros se convirtió en una marca registrada de los mods. Las scooters se transformaron en verdaderas obras de arte, cada una reflejando la personalidad de su dueño. Y aunque los años 60 pasaron, y las tendencias cambiaron, la historia de Tommy y su Vespa llena de faros sigue viva en el corazón de aquellos que recuerdan esos días de juventud y libertad.

En una época donde todo era gris, Tommy y sus compañeros mods lograron iluminar las calles con su estilo único. Porque para ellos, la vida no solo se vivía; se brillaba.

Viaje infantil

Imagina que una vieja Vespa como esta te llevó de viaje a Bali en tu niñez…

El sol balinés se desperezaba entre las nubes, iluminando con sus primeros rayos los templos y terrazas de arroz que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El día prometía ser caluroso y lleno de vida, como cada jornada en la isla de Bali. Adi, un niño de seis años, miraba emocionado desde la ventana del bungalow en el que se hospedaban. Su padre, un hombre de sonrisa fácil y piel tostada por el sol, revisaba los últimos detalles antes de su gran aventura: un viaje en Vespa por los caminos serpenteantes de la isla.

—Papá, ¿cuándo salimos? —preguntó Adi, impaciente por la emoción.

—En cuanto te pongas el casco, pequeño aventurero —respondió su padre, mientras sacaba del armario dos cascos: uno grande y uno pequeño, especialmente elegido para Adi.

La Vespa, una clásica de color plateado, esperaba en la entrada del bungalow. Era un vehículo antiguo, pero en perfecto estado, con su carrocería reluciente y los espejos pulidos. El rugido suave de su motor al encenderla resonó en el aire, prometiendo una jornada llena de descubrimientos.

Con Adi bien asegurado en el asiento trasero, agarrado firmemente a su padre, partieron. El viento cálido les acariciaba el rostro mientras la Vespa avanzaba por las estrechas calles del pueblo, donde los lugareños empezaban su día vendiendo ofrendas de flores y frutas a los dioses, en pequeños canastos de palma. El aroma de incienso llenaba el aire, mezclándose con el dulce olor de las flores de frangipani.

—Papá, ¡huele delicioso! —exclamó Adi, inhalando profundamente el aire lleno de fragancias.

—Es el olor de Bali, hijo. Algo que nunca olvidarás —respondió su padre con una sonrisa.

La Vespa dejó atrás el pueblo y comenzó a ascender por un camino flanqueado por terrazas de arroz. Los campos verdes se extendían en escalones perfectos, reflejando el cielo azul en sus pequeñas charcas. Aquí y allá, los campesinos, con sus sombreros de paja, trabajaban en los arrozales, inclinándose sobre el agua como si formaran parte del paisaje.

—¿Sabes, Adi? Este es uno de los lugares más hermosos del mundo —dijo su padre, mientras detenía la moto en un mirador para que pudieran admirar la vista.

Adi se quedó en silencio, sus grandes ojos oscuros recorriendo cada detalle del paisaje. Para él, todo era nuevo y fascinante, desde el brillo del sol en las hojas de los arrozales hasta el lejano sonido de un gallo que cantaba desde alguna granja escondida entre las colinas.

—Papá, ¿podemos caminar por los campos? —preguntó, señalando los senderos estrechos que serpenteaban entre las terrazas.

—Claro que sí, vamos a explorar —contestó su padre, ayudándole a bajar de la Vespa.

El camino era estrecho y resbaladizo en algunas partes, pero Adi avanzaba con determinación, fascinado por cada insecto que encontraba y cada ave que veía volar sobre su cabeza. Llegaron hasta una pequeña cabaña donde un anciano, de rostro arrugado y sonrisa amable, descansaba mientras observaba su cosecha.

—Selamat pagi! —saludó el anciano en balinés, a lo que Adi respondió con un tímido «pagi,» recordando las palabras que su padre le había enseñado.

El anciano les ofreció un poco de agua fresca y les mostró cómo recogía el arroz, explicando con gestos y palabras simples. Adi, encantado, intentó imitar los movimientos, pero el racimo de arroz se le escapaba de las manos, lo que provocó las risas del anciano y de su padre.

—Es más difícil de lo que parece, ¿verdad, hijo? —dijo su padre, acariciándole el cabello.

Después de agradecer al anciano, volvieron a la Vespa y continuaron su viaje. La carretera serpenteaba ahora entre colinas cubiertas de selva. Las sombras de los árboles altos les daban un respiro del sol mientras avanzaban hacia su siguiente destino: el templo de Besakih, el más grande y sagrado de Bali.

El templo se erguía majestuoso en la ladera del monte Agung, envuelto en una atmósfera de misterio y reverencia. Adi y su padre dejaron la Vespa en la entrada y comenzaron a subir los escalones que llevaban al templo principal. A medida que ascendían, Adi sentía como si estuviera entrando en otro mundo, uno lleno de historias antiguas y espíritus guardianes.

—Este lugar es muy especial, Adi. Aquí la gente viene a rezar y a dar gracias por todo lo que tienen —explicó su padre mientras avanzaban entre las torres y santuarios.

Las figuras de piedra de los dioses les observaban desde todos los ángulos, sus expresiones serenas y sabias. Adi se sentía pequeño en comparación con la grandeza del templo, pero también lleno de una curiosidad y una paz que no podía explicar.

—Papá, ¿qué le piden los dioses a la gente? —preguntó mientras observaba a las personas haciendo sus ofrendas.

—Les piden que sean buenos, que respeten a los demás y que cuiden de la naturaleza —respondió su padre, arrodillándose junto a él para hacer una pequeña ofrenda de flores.

Después de pasar un rato en el templo, descendieron por los escalones y volvieron a la Vespa. Era hora de regresar al bungalow, pero Adi no quería que el viaje terminara. Se había sentido tan libre, tan lleno de vida, montado en la Vespa con su padre.

—Papá, ¿podemos hacer esto otra vez mañana? —preguntó mientras el viento volvía a acariciar su rostro en el camino de regreso.

—Por supuesto, hijo. Hay mucho más de Bali que quiero mostrarte —respondió su padre, con una sonrisa que reflejaba el mismo entusiasmo que sentía Adi.

El sol empezaba a descender en el horizonte cuando llegaron de nuevo al bungalow. Las luces cálidas de las lámparas de aceite iluminaban el jardín, y el sonido de la naturaleza llenaba el aire. Adi estaba cansado, pero feliz, y mientras su padre le ayudaba a quitarse el casco, sabía que ese día quedaría grabado para siempre en su memoria.

—Gracias, papá. Fue el mejor día de mi vida —dijo Adi antes de que el sueño lo venciera.

—Y lo mejor es que solo es el comienzo, hijo —respondió su padre, besándole en la frente antes de que Adi se quedara dormido, con una sonrisa en los labios.

Bali, con su belleza natural y su rica cultura, se había grabado en el corazón de Adi, y cada día que pasara en esa isla sería una nueva aventura, una que compartiría con su padre, montados en su confiable Vespa plateada, recorriendo los caminos de la vida.