En Mariscoville, donde los habitantes vivían del mar y sus deliciosos tesoros. En el corazón de este encantador lugar, se encontraba la familia Rodríguez, propietarios de la famosa pescadería «L’ola Fresca».
Un día, Pedro Rodríguez, el hijo menor de la familia, decidió aventurarse más allá de las aguas familiares en busca de nuevas especies para ofrecer a los clientes de la pescadería. Con su pequeño barco y una red resistente, se aventuró hacia el océano en busca de la pesca más novedosa.
Mientras recorría aguas desconocidas, Pedro descubrió un arrecife atestado de langostinos de colores brillantes. Eran criaturas pequeñas pero elegantes, con caparazones que parecían joyas. Fascinado por la belleza de estos langostinos, Pedro decidió llevar algunos de regreso a Mariscoville.
Al llegar al pueblo, la noticia del descubrimiento se extendió rápidamente. Los langostinos de colores se convirtieron en la nueva atracción de «L’ola Fresca», y la gente venía de todas partes para ver estas criaturas sorprendentes. Pedro, convertido en héroe local, compartía historias de su emocionante expedición y la maravilla de los langostinos.
Pronto, Mariscoville se convirtió en un destino turístico, y «L’ola Fresca» se hizo famosa en todo el país. La pequeña tienda de pescado se transformó en un restaurante marinero que servía platillos exquisitos de langostinos de colores. Y la familia Rodríguez vivió felizmente mientras la leyenda de los langostinos de Pedro se contaba de generación en generación.